La huella, marca o carácter que imprime el pecado de muerte (la gnosis) en el alma. Por Monseñor León Meurin (1893).

7 de octubre de 2021

Introducción

Traigo un extracto del libro de 1893 de Monseñor León Meurin, donde a través de la denuncia sobre la naturaleza de la secta de la masonería, trata de forma muy clara y comprensible en qué consiste ser nacido del diablo (Juan 8, 44).

«44 Vosotros sois nacidos del diablo, y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Él es homicida desde el principio y no se mantuvo en la verdad, porque la verdad no estaba en él. Cuando habla la mentira, habla de lo suyo propio, porque él es mentiroso y padre de la mentira.»

Juan 8, 44.

O dicho de otra manera, en qué cosiste llevar la huella, marca o carácter del espíritu del mundo, acepción para referirse al espíritu del diablo, inspirador del mundo, palabra esta última que significa toda organización del hombre en contra y a espaldas de Dios. Esta huella o carácter espiritual es la misma de la que se nos advierte en Apocalipsis capítulo 13: la marca de la bestia.


La huella, marca o carácter espiritual del pueblo del anticristo

 

Texto extraído desde ‘Simbolismo de la masonería’ (1893), de Mons. Meurin.

Págs. 196 y 197. (Enlace a pdf).

«2.- Los tres primeros sacramentos de la secta.

Los compositores de los 33 grados, no solamente han sido perfectos adeptos de la Kabala judía y la Magia negra, sino que, además, han demostrado ser profundos teólogos. Lo que más no ha llamado la atención al recorrer las tres series de once grados ha sido esa tripartición que corresponde en la Sinagoga luciferina a los tres Sacramentos de la Iglesia cristiana. Bautismo, Orden y Confirmación, que imprimen al alma un carácter indeleble.

En el bautismo el hombre es regenerado como hijo de Dios, y se incorpora a la gran familia del Padre Celeste. En la primera serie de once grados masónicos vemos al hombre degenerado como hijo de Satán, e incorporado a la gran familia de la raza de Eblis.

Por el sacramento de la Ordenación, el hombre se incorpora a la persona del Divino Pontífice, y participa en el Sacerdocio eterno que construye el puente entre el cielo y la tierra. Mediante la segunda serie (grados 12 a 22), el masón, hijo de Satán, se incorpora a su sacerdocio y a la raza de Pontífices Kabalísticos que conducen a sus afiliados al infierno.

Por el Sacramento de la Confirmación, el cristiano recibe los dones del Espíritu Santo y se incorpora al gran ejército de los soldados de Cristo. Por la tercera serie (grados 23 a 33), el Pontífice de Satán se incorpora a su milicia y forma parte del ejército que el Ángel de la Luz lleva al asalto de la Jerusalén celeste.

El hombre bautizado, confirmado y ordenado sacerdote está signado con los caracteres indelebles del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y entra en las filas del pueblo, del ejército y del clero del Altísimo, Rey del Cielo.

El hombre iniciado en los Grados del Ilustre Caballero Elegido de príncipe del Líbano y Soberano Gran Inspector General, está designado con los caracteres de esclavo, de sacerdote y de secuaz de satán, Rey del Infierno.

San Pablo escribía a los Corintios:

“El que nos ha afirmado con vosotros en Cristo, el que nos ha ungido, es Dios que así nos ha señalado con su sello y ha dado la prenda del Espíritu Santo a nuestros corazones.”

– 1 Corintios 1, 21.

Por lo tanto, el carácter que los tres sacramentos imprimen al alma es semejante a la marca que el sello deja en la cera que se le aplica. El Bautismo deja en nuestra alma una semejanza con Dios Padre, de quien nos hacemos hijos; la Confirmación, una semejanza con Dios Espíritu Santo cuyos dones recibimos y las Sagradas Órdenes una semejanza con Dios Hijo, de quién recibimos los poderes sacerdotales. Derivados del sacerdocio perpétuo de Cristo, los tres sacramentos producen una impresión indeleble.

La ceremonias de la masonería, su bautismo, su sacerdocio y su confirmación, ¿imprimen, por ventura, un carácter indeleble al alma de sus adeptos? Un carácter sí, PERO NO INDELEBLE. San Juan habla de los siete ángeles que debían extender por la tierra los siete golpes de la cólera de Dios.

“Y el primero esparció su cólera (plagas) y marcó una llaga (impresión, marca) cruel sobre los hombres que tenían el carácter de la bestia y eran adoradores de su imagen.”

– Apocalipsis.16,2.

Con la bestia se alude a Lucifer, y con el carácter se indica una huella espiritual.

«16 ¿No sabéis que quien se allega a una meretriz (espíritu impuro) se hace un cuerpo (espíritu) con ella? Porque serán dos, dice, en una carne (en un mism espíritu). 17 Pero el que se allega al Señor se hace un espíritu con Él. 18 Huid la fornicación. Cualquier pecado que cometa un hombre, fuera de su cuerpo (espíritu) queda; pero el que fornica peca contra su propio cuerpo (espíritu). 19 ¿O no sabéis que vuestro cuerpo (espíritu) es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que, por tanto, no os pertenecéis? 20 Habéis sido comprados (rescatados) a alto precio (de la tiranía del demonio). Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo (espíritu)

– 1 Corintios 6, 16-20.

Dios, creador de la esencia del alma, tiene el poder de imprimir a las facultades e incluso a la esencia del alma un carácter imborrable, pero ningún ser creado, ni hombre, ni Satán, tiene semejante poder. La preciosísima sangre del Redentor del mundo, fluyendo en los sacramentos del Bautismo y la Penitencia puede siempre, con el consentimiento del hombre, lavar todas las iniquidades con que su alma haya podido mancharse, incluso del “EL CARÁCTER DE LA BESTIA”. “Aún cuando nuestros pecados sean como la escarlata, se volverán blancos como la nieve, y si fueren rojos como el bermellón, se volverán blancos como la más blanca lana. (Isaías 1,18). Los caracteres masónicos se imprimen en el alma de los adeptos, pero en modo alguno son imborrables. Sin embargo los que quieren guardarlos, los conservarán hasta el infierno. Este triple carácter masónico, la adopción, del cuerpo místico de Satán, la filiación a su cuerpo levítico y el alistamiento en las falanges de su milicia constituyen la esencia de la iniciación.»

– Mons. Meurin, “Filosofía de la Masonería”. Págs.196/197.

 

 


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