Nota
Recomiendo mucho el siguiente canal de tiktok (@suyosporgracia). Tiene una exégesis muy sólida y es un regalo en los tiempos que corren. Para entender mejor su exposición añado un pequeño glosario.
«La gracia divina o gracia santificante es el favor o don gratuito concedido por Dios para ayudar al hombre a cumplir los mandamientos, salvarse o ser santo, como también se entiende el acto de amor unilateral e inmerecido por el que Dios llama continuamente las almas hacia sí.» (Wikipedia). El término raíz hace referencia a nuestra humildad y docilidad para con el Espíritu Santo. Y el símbolo del agua se usa para definir al espíritu que nos envuelve, ya sea el buen espíritu o Espíritu Santo en forma de agua dulce, por ejemplo; o al mal espíritu o espíritu del demonio, nombrado como hiel o ajenjo, en los versículos comentados del siguiente vídeo y transcripción.
La amargura en la Biblia
Por @suyosporgracia.
“Si normalmente sientes como amargura en tu corazón, quédate porque tenemos que hablar.
Bienvenidos a este nuevo segmento de cachetadotas por gracia.
Resulta que estaba leyendo (Hebreos 12, 15) y dice, “miren bien”, o sea ponte cara machete, ponte vigilante, “no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios que brotando alguna raíz de amargura les estorbe y por ella sean muchos los contaminados”. Quedé loca y sin ideas. Pero ahí me puse a pensar dónde había visto otra vez el tema de la raíz de amargura, y claro, me fui para Deterounomio, que fue donde lo había visto una vez. Pero Deuteronomio me dejó más loca porque dice, (Deuteronomio 29, 18), dice: “no sea que haya entre vosotros, varón o mujer, cuyo corazón se aparte hoy de Yavé, no sea que haya en ustedes raíz que produzca hiel y ajenjo”. La hiel, literalmente, habla de veneno, y el ajenjo es una, como una planta que es muy amarga que contamina el agua. La cosa es que me di cuenta que en el antiguo cercano oriente, en efecto, había plantas con raíces profundas que llegaban hasta las napas de agua subterránea. Cuando esas raíces eran amargas o venenonas resulta que contaminaban todo el agua, no sólo la superficie, sino también bajo tierra. Cuando alguien, ¡pum!, iba a cavar, Mae, el agua… amarga. Era porque la raíz había contaminado la fuente.
No sé si el Espíritu Santo te está tocando igual que a mí, pero resulta que a mí me cayó el 20 con el tema de que, literalmente, la amargura no se quede en nuestro corazón sino que se filtra, Mae, se filtra. Se filtra por nuestras palabras, se filtra por nuestra reacciones, con nuestra percepción de Dios y además con la percepción que tenemos de otras personas. ¡¡Boom!!. Entoces, los que beben agua de nuestra vida, ¿qué pasa? Beben agua amarga. ¡Ah, ay… ay, ay!. (01:18).
Cuando Moisés estaba pasando con el pueblo por Israel, ellos también tenían, en Éxodo narran, tenían como tres días sin tomar agua, y resulta que llegan a Mara, ¡¡y pum!!, agua amarga. Resulta que eso molestó full al pueblo. Ellos empezaron a murmurar y esos se empezaron a quejar contra Dios. El agua amarga produce un corazón amargo. El corazón amargo produce queja. Y la queja produce separación de Dios. Dos más dos son cuatro, Mae.
Aquí te va a dar un paréntesis brutal porque es que resulta que en ese momento Dios endulza las aguas y es aquí cuando Él se revela como Jehová Rafá. O sea, Jehová que sana. A mí esto me encantó pero, ahá. Ehhh, eso para, para otro momento. Seguí profundizando Mae y, ¡¡ay!!, me cayó el otro 20 porque me di cuenta que la amargura es como el estado sólido de la ira. O sea, que no sólo es algo emocional, Mae, sino que también es espiritual. Y fíjate que Mateo, la falta de perdón (1) lleva a la entrega a torturadores o a verdugos. Y bíblicamente estos verdugos o torturadores pueden verse como seres espirituales (2) que atormentan. Entonces la amargura, que también puede verse como falta de perdón (3) da acceso legal al enemigo. De hecho, fíjate que en Efesios 4 dice: “no permitan que la ira los hagan cometer pecados, que la noche no les soprenda enojados. No le den ninguna oportunidad al diablo para que los derrote.” La cosa es fascinante porque Dios lo que nos está diciendo es que la raíz de amargura, en efecto, contamina un montón. Y nos separa de la gracia de Dios, que eso también nos entrega a torturadores y que da acceso legal al enemigo. No porque usted pierda su salvación, Mae, sino porque lo atormentan. Entonces la amargura no sólo cambia como tú ves a las personas, sino también cómo es tu percepción sobre Dios que para mí es lo más trascendetal. Entonces la cosa no es que Dios te retita la gracia, sino que la amargura te hace como incapaz de recibir la gracia del Señor. Y claro, me cayó el 20 porque cuando nuestro corazón es amargo todo sabe amargo, Mae. Y eso incluye también el amor de Dios (4).
Entonces tú empiezas a ver a Dios como injusto porque empiezas a preguntarte por qué me pasa esto a mí. O empiezas a ver a Dios como insensible porque entonces dices Dios no me escucha. O ves a Dios como cruel porque entonces lo que te pasa es que es un castigo de Dios. No porque Dios haya cambiado sino porque nuestra percepción de Dios está contaminada.”
Anexo:
(1) «La falta de perdón» se refiera a la falta de perdonar nosotros al prójimo. Ese odio es intruso, es el mal espíritu envolviéndonos. Ira se le denomina en la Biblia.
(2) Demonios.
(3) «La amargura, que también puede verse como falta de perdón da acceso legal al enemigo…». El no perdonar se traduce en que no soltamos al mal espíritu que nos envuelve, y estas entidades nos modifican con sus puntos de vista y sentimientos, que suelen enfocar a que rechacemos a Dios, principalmente, también a que odiemos a las personas de nuestro entorno.
(4) El amor de Dios es el Espíritu Santo, y el contexto es en referencia a la gracia que rebimos de Dios.
En buena compañía
«El espíritu del demonio es como un pesado manto sobre nosotros. Todo consiste en buscar la compañía de Dios, buscarle con nuestra voluntad. Tenerle en mente y mirarle y conocerle. Entonces Él acude a nosotros y con su sola presencia nos purifica haciendo de nosotros niños pequeños.
Estando en buena compañía, su presencia desplaza al espíritu del ángel caído. Hay un proceso de llenado de buena compañía. Y esta buena compañía hace de escudo que al atravesar el demonio duele pero podemos verlo. Es el precio que hay que pagar por ver la acción del demonio y defendernos, porque nos está atacando y haciendo daño.
Por eso es bueno para nosotros rezar mucho y estar en silencio. Y no perder la gracia, que el vaso espiritual que somos no pierda buena compañía.»
– NSMS.
Magnificat

«Desplegó el poder de su brazo,
y dispersó a los que se engríen
con los pensamientos de su corazón.
Derribó a los potentados de sus tronos
y ensalzó a los humildes.
A los hambrientos llenó de bienes,
y a los ricos despidió vacíos.«
– Magnificat.






