Coros Angélicos Doctrina Cristiana Nº Señor Jesucristo

Unión Hipostática: 1 Persona, 2 Naturalezas. (La naturaleza humana de Cristo para ensalzar al hombre).

17 de febrero de 2026
La Ascensión del Señor, por Francisco Bayeu y Subías (1769).

Por Dr. J. Alberto Paredes (enviados.org).

«Siguiendo las recomendaciones de un mentor, de vez en cuando me daré a la tarea de escribir una breve introducción a algunos términos técnicos que forman parte de las creencias más elementales de nuestra teología. Trataré de explicar una idea teológica de la forma más sencilla posible (y en menos de 800 palabras).

Cuando hablamos de la encarnación, estamos entrando a terrenos complicados, y es necesario afirmar que nunca terminaremos de entender absolutamente todo lo que hay detrás de este maravilloso hecho. Sin embargo, es importante tener palabras (o categorías) correctas para expresar lo que sí creemos al respecto.

Así pues, lo primero que debemos afirmar, es que Dios Hijo, como segunda persona de la trinidad, existe eternamente junto con el Padre y el Espíritu Santo. Nuestro Dios Trino es eterno. Ahora bien, ¿qué significa decir que Dios tomó naturaleza de hombre? Es aquí que el lenguaje nos ayudará poniendo algunos límites para afirmar lo que la Biblia dice de Jesús, sin que vayamos más allá, o sin que neguemos alguna verdad.

¿Qué nos dice, entonces, la Biblia sobre Jesús?

La Palabra de Dios nos deja muy en claro que Jesús es verdaderamente hombre. Nació (Lc. 2:7), vivió entre los hombres (Jn. 1:14), se cansaba (Jn. 4:6), dormía (Mr. 4:38), tenía hambre (Mt. 4:2) y sed (Jn. 19:28), etcétera. No podemos negar que el es verdaderamente un ser humano.

Por otro lado, la Biblia también es clara al mostrarnos a Jesús como Dios. Se identifica con el nombre de Dios (Yo Soy) (Jn. 6:35; 8:12; 10:7,9; 11:25…), y los apóstoles, así mismo, lo reconocen como Dios (Jn. 20:28; Tito 2:13). Tampoco, entonces, podemos negar que Jesús es Dios.

Hasta ahora, tenemos que Jesús tiene (porque está vivo y reinando) una naturaleza humana, que inició cuando fue concebido por el Espíritu Santo en María. Al mismo tiempo, tiene una naturaleza divina que es eterna. La pergunta es: ¿cómo se relacionan estas dos naturalezas?

Para responder es necesario recordar una verdad: finitum non capax infiniti. Esto quiere decir, lo finito no puede contener a lo infinito. Es decir, sería un error decir que la naturaleza divina está confinada a la naturaleza humana. No está ‘dentro de ella’, ni está ‘mezclada con ella’. Por otro lado, vemos que la Biblia atribuye propiedades de ambas naturalezas (divina y humana) a la misma persona: Cristo Jesús. Por ejemplo, nos dice que en el principio el Verbo (Cristo) estaba con Dios y era Dios (Jn. 1:1). Esta eternalidad y deidad, por supuesto, son propiedades divinas. Pero también nos dice que Jesús creció en estatura (Lc. 2:52). Esta es una propiedad humana.

Todo esto puede parecer confuso, pero pronto llegaremos a la aplicación. Por ahora, lo que tenemos que afirmar, pues es lo que la Biblia enseña, es que

Todo esto puede parecer confuso, pero pronto llegaremos a la aplicación. Por ahora, lo que tenemos que afirmar, pues es lo que la Biblia enseña, es que en Jesucristo, coexisten dos naturalezas que aunque están verdadera y misteriosamente unidas en una persona, no se mezclan ni se confunden. En la persona de Cristo, la naturaleza divina siempre ha sido y será divina, y a partir de la encarnación, la naturaleza humana siempre será humana. Ninguna elimina ni contiene a la otra. A esta unión perfecta de dos naturalezas en una sóla persona se le llama Unión Hipostática.

¿Por qué esto es importante?

Debemos recordar que Jesucristo es nuestro representante (1 Tim. 2:5). Así como en Adán todos caímos, en Cristo muchos serán salvos (Rom. 5:12-21). Por tanto, como nosotros, nuestro representante tenía que ser verdaderamente humano (Heb. 2:14-15). Cristo, es verdaderamente humano. En su naturaleza humana, el es exactamente como nosotros (aunque sin pecado) y comprende nuestras luchas (Heb. 4:15). Y nosotros, en gloria, seremos exactamente como Él (en su naturaleza humana). Si Jesús hubiese sido algo distino a un ser humano, no habría podido representarnos en la cruz.

Sin embargo, nuestro Salvador debía ser Dios. La Palabra dice que Dios no otorga su gloria a nadie (Is. 42:8), y que sólo de Él es la salvación (Sal. 3:8; Jon. 2:9). También, el sacrificio del justo tiene valor infinito y suficiente para salvar a sus elegidos, precisamente porque es Dios mismo (Heb. 7:26-28). Por tanto, nuestro salvador tiene que ser Dios. De otro modo, la gloria sería para un ser humano, y no para Dios; y también, porque de otro modo su sacrificio no hubiera sido suficiente.

Es por esta razón que podemos afirmar el Credo de Calcedonia (451) cuando dice:

…Confesamos a uno solo y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la humanidad, Dios verdaderamente, y el mismo verdaderamente hombre de alma racional y de cuerpo, consustancial con el Padre en cuanto a la divinidad, y el mismo consustancial con nosotros en cuanto a la humanidad…uno solo y el mismo Cristo, Hijo, Señor unigénito en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación, en ningún modo borrada la diferencia de naturalezas por causa de la unión, sino conservando, más bien, cada naturaleza su propiedad y concurriendo en una sola persona y en una sola hipóstasis, no partido o dividido en dos personas, sino uno solo y el mismo Hijo unigénito, Dios Verbo Señor Jesucristo…«


Dr. J. Alberto Paredes (enviados.org).


Postdata

El concepto de Unión Hipostática también sirve para explicar el proceso de transformación que experimenta el hombre en relación con Dios tras salir del Purgatorio. Una transformación conocida como Visión Beatífica (de Dios) o Coronación de la Gloria, donde la propia naturaleza humana se transforma pasando a ser análoga a la de los ángeles.

Unión y Transformación

“…me presentó Su Sagrado Corazón como un horno encendido, en donde sentí que me arrojaban y en el acto quedé penetrada y abrasada con tan vivos ardores, que me parecía iba a quedar reducida a cenizas. Me dijo estas palabras: «Este es el divino purgatorio de Mi Amor, en el cual te purificarás durante el tiempo de esta vía purgativa: después hará que encuentres en Él una mansión de luz, y finalmente de unión y transformación«.

De los escritos de Santa Margarita María de Alacoque.
sicutoves.blogspot.com (26 jun.2025).

La Unión Hipostática también del hombre

A continuación unas citas con la exégesis de Monseñor Straubinger, que escribió en la década de 1940.

16Jesús le dijo: “Mariam”. Ella, volviéndose, dijo en hebreo: “Rabbuní”, es decir: “Maestro”. 17Jesús le dijo: “No me toques más, porque no he subido todavía al Padre; pero ve a encontrar a mis hermanos, y diles: voy a subir a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios«.

Juan 20, 16-17.

20 Mas no ruego solo por ellos, sino también por aquellos que, mediante la palabra de ellos, crean en Mi [11046] 21a fin de que todos sean uno, como Tú, Padre, en Mí y Yo en Ti, a fin de que también ellos sean en nosotros, para que el mundo crea que eres Tú el que me enviaste [11047].

22Y la gloria que Tú me diste, Yo se la he dado a ellos, para que sean uno como nosotros somos Uno [11048] : 23Yo en ellos y Tú en Mí, a fin de que sean perfectamente uno, y para que el mundo sepa que eres Tú quien me enviaste y los amaste a ellos como me amaste a Mí [11049] . 24Padre, aquellos que Tú me diste quiero que estén conmigo en donde Yo esté, para que vean la gloria mía, que Tú me diste, porque me amabas antes de la creación del mundo [11050] . 25Padre Justo, si el mundo no te ha conocido, te conozco Yo, y estos han conocido que eres Tú el que me enviaste [11051] 26y Yo les hice conocer tu nombre, y se lo haré conocer para que el amor (ese amor es el Espítu Santo) con que me has amado sea en ellos y Yo en ellos[11052] .”

Juan 17, 20-26.

[11050] 24. Que estén conmigo: Literalmente: que sean conmigo. Es el complemento de lo que vimos en 14, 2 ss. y nota. Este Hermano mayor no concibe que Él pueda tener, ni aun ser, algo que no tengamos o seamos nosotros. Es que en eso mismo ha hecho consistir su gloria el propio Padre (v. 2 y nota). De ahí que las palabras: Para que vean la gloria mía quieren decir: para que la compartan, esto es, la tengan igual que Yo. San Juan usa aquí el verbo theoreo, como en 8, 51, donde ver significa gustar, experimentar, tener. En efecto, Jesús acaba de decirnos (v. 22) que Él nos ha dado esa gloria que el Padre le dio para que lleguemos a ser uno con Él y su Padre, y que Este nos ama lo mismo que a Él (v. 23). Aquí, pues, no se trata de pura contemplación sino de participación de la misma gloria de Cristo, cuyo Cuerpo somos. Esto está dicho por el mismo S. Juan en 1 Jn. 3, 2; por S. Pablo, respecto de nuestro cuerpo (Fil. 3, 21), y por S. Pedro aun con referencia a la vida presente, donde ya somos “copartícipes de la naturaleza divina” (2 Pe. 1, 4; cf. 1 Jn. 3, 3). Esta divinización del hombre es consecuencia de que, gracias al renacimiento que nos da Cristo (cf. 3, 2 ss.) , Él nos hace “nacer de Dios” (1, 13) como hijos verdaderos del Padre lo mismo que Él (1 Jn. 3, 1) . Por eso Él llama a Dios “mi Padre y vuestro Padre”, y a nosotros nos llama “hermanos” (20, 17). Este versículo vendría a ser, así, como el remate sumo de la Revelación, la cúspide insuperable de las promesas bíblicas, la igualdad de nuestro destino con el del propio Cristo (cf. 12, 26; 14, 2; Ef. 1, 5; 1 Ts. 4, 17; Ap. 14, 4), Nótese que este amor del Padre al Hijo “antes de la creación del mundo” existió también para nosotros desde entonces, como lo enseña S. Pablo al revelar el gran “Misterio” escondido desde todos los siglos. Véase Ef. 1, 4; 3, 9 y notas.


EFESIOS 1

I. EL MISTERIO DEL CUERPO MÍSTICO

La vida nueva en Cristo

3Bendito sea el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, que en Cristo nos bendijo con toda bendición espiritual ya en los cielos [12072], 4pues desde antes de la fundación del mundo nos escogió en Cristo, para que delante de Él seamos santos e irreprensibles; y en su amor 5nos predestinó como hijos suyos por Jesucristo en Él mismo (Cristo), conforme a la benevolencia de su voluntad [12073],”

Efesios 1, 3-5.

[12073] 5. La palabra griega: Huiothesia que la Vulgata traduce adopción de hijo, significa exactamente filiación, es decir, que somos destinados a ser hijos verdaderos y no solo adoptivos, como lo dice S. Juan (1 Jn. 3, 1), tal como lo es Jesús mismo. Pero esto solo tiene lugar por Cristo, y en Él (cf. Jn. 14, 3 y nota). Es decir que “no hay sino un Hijo de Dios, y nosotros somos hijos de Dios por una inserción vital en Jesús. De ahí la bendición del Padre (v. 3), que ve en nosotros al mismo Jesús, porque no tenemos filiación propia sino que estamos sumergidos en su plenitud”. Este es el sublime misterio que estaba figurado en la bendición que Jacob, el menor, recibió de Isaac como si fuera el mayor (Gn. 27, 19 y nota). Pero este nuevo nacimiento (Jn. 1, 12 s.) que Jesús nos obtuvo (Ga. 4, 4-6), debe ser aceptado mediante una fe viva en tal Redención (Jn. 1, 11). Es decir que gustosos hemos de dejar de ser lo que somos (Mt. 16, 24; Rm. 6, 6) para “nacer de nuevo” en Cristo (Jn. 3, 3 ss.) y ser “nueva creatura” (2 Co. 5, 17; Ga. 6, 15). Esta divina maravilla se opera desde ahora en nosotros por la gracia que viene de esa fe (2, 8). Su realidad aparecerá visible el día en que “Él transformará nuestro vil cuerpo haciéndolo semejante al suyo glorioso” (Fil. 3, 20 s.). Véase v. 14; Rm. 8, 23; 1 Ts. 4, 14 ss.; 1 Jn. 3, 2; Lc. 21, 28; 1 Co. 15, 51 ss., etc. ¿Qué otra cosa, sino esto, quiso enseñar Jesús, al decir que Él nos ha dado aquella gloria que para sí mismo recibió del Padre, esto es la gloria de ser Su hijo, para que Él sea en nosotros, y nosotros seamos consumados en la unidad que Él tiene con el Padre, el cual nos ama por Él y en Él? (Jn. 17, 22-26). ¿Qué otra cosa significa su promesa de que, desde ahora, quien comulga vivirá de su misma vida, como Él vive la del Padre? (Jn. 6, 58). Es la verdadera divinización del hombre en Cristo, que S. Agustín expresa diciendo que el Verbo se humanó para que el hombre se divinice. Jesús nos lo confirma literalmente, al citar con ilimitada trascendencia las palabras del Sal. 81: “Sois dioses, hijos todos del Altísimo” (Jn. 10, 34). No hay sueño panteísta que pueda compararse a esta verdadera realidad. Cf. Ga. 2, 20 y nota.

6 Yo dije: «Sois dioses, sois hijos del Altísimo. 7 Pero moriréis como hombres, caeréis como el último de los afligidos.” – Salmo 81.

34 Jesús les replicó: ¿No está escrito en vuestra Ley: Yo digo: Dioses sois? 35 Si llama dioses a aquellos a quienes fué dirigida la palabra de Dios, y la Escritura no puede fallar,…” – Juan 10, 34-35.


El adversario

https://www.museefabre.fr/lange-dechu
Angel caído, por Alexandre Cabanel (1847).

Y es este proceso lo que el ángel caído trata de romper interponiéndose en nuestro camino, en su guerra por seducir y engañar al género humano (Apocalipsis 12, 9). Suplantar a Dios y ser adorado por el hombre (Mateo 4, 8). Nuestra destrucción consiste en esto, en dar la espalda a Dios.


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