LOS JUDÍOS: FUNDADORES DE LA MASONERÍA, por Maurice Pinay.

12 de febrero de 2021
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Maurice Pinay, seudónimo del Sacerdote Jesuíta mejicano P. Sáenz de Arriaga.

Del libro, Complot Contra la Iglesia, de Maurice Pinay.

Capítulo Segundo

LOS JUDÍOS: FUNDADORES DE LA MASONERÍA

“Desenmascarar a la masonería es vencerla”, dijo León XIII. Si la desnudamos de sus velos, todo espíritu recto, todo corazón honrado se apartará de ella con horror; y por este solo hecho caerá anonadada y execrada por los mismos que la obedecen.

El Ilustre sabio jesuita Monseñor León Meurin, S.J., Arzobispo Obispo de Port-Louis, en su laboriosísima obra “Simbolismo de la Masonería”, nos demuestra con documentación aplastante que los judíos son los fundadores, organizadores y dirigentes de la masonería, la cual utilizan para lograr el dominio mundial, destruir a la Santa Iglesia Católica y demás religiones existentes. Entre la autorizada bibliografía que presenta al respecto figuran algunas citas que mencionaremos a continuación:

“El Primer Consejo Supremo, como ya hemos dicho, fue constituido el 31 de mayo de 1801, en Charleston, grado 33 de latitud norte, bajo la presidencia del judío Isaac Long, hecho Inspector General por el judío Moisés Cohen, que había recibido su grado en Spitzer, de Hyes, de Franken y del judío Morin” (2).

“Eran pues judíos los fundadores del primer Gran Consejo que había de convertirse en el centro de la masonería cosmopolita. Y lo situaron en América, en una ciudad elegida precisamente en el grado 33 de latitud norte. El Jefe Supremo vive desde 1801 en Charleston. Este jefe era en 1889 Albert Pike, a quien ya hemos nombrado en su Carta Encíclica, fechada el 14 de julio de 1889, aniversario y centenario célebres, él toma los títulos de cada uno de los 33 grados y añade los siguientes: `Muy Poderoso Soberano Comendador, Gran Maestre del Supremo Consejo de Charleston, Primer Consejo Supremo del Globo, Gran Maestre Conservador del Palladium Sagrado, Soberano Pontífice de la Masonería Universal ́. Con estos títulos pomposos, publicó su carta Encíclica, en el año trigésimo primero de su pontificado, asistido por diez Ilustrísimos, Muy Iluminados y Muy Sublimes hermanos, Soberanos Grandes Inspectores Generales, Magos Elegidos, que componen el Serenísimo GranColegio de los masones eméritos, Consejo de la Falange de Selección y del Batallón Sagrado de la Orden” (3).

“La Encíclica enumera a los 23 Consejeros Supremos `engendrados ́ hasta el presente, ya directamente, ya indirectamente, por el de Charleston, esparcidos por el mundo entero. Luego enumera cien Grandes Orientes y Grandes Logias de todos los Ritos en comunicación con el Supremo Consejo de Charleston como soberana Potencia masónica; por ejemplo, el Gran Oriente de Francia, el Consejo General del Rito de Misrain, el Gran Consejo de los masones Oddfellows, etc. De lo que antecede hemos de concluir que la Masonería es una sobre todo el globo, con formas innumerables, pero bajo la dirección suprema del Soberano Pontífice de Charleston…” (4).

ORIGEN JUDÍO

Los ritos y símbolos de la masonería y de otras sociedades secretas recuerdan constantemente la cábala y el judaísmo: la reconstrucción del Templo de Salomón, la estrella de David, el sello de Salomón, los nombres de los diferentes grados, como por ejemplo: Caballero Kadosh (“Kadosh” en hebreo significa santo), Príncipe de Jerusalén, Príncipe de Líbano, Caballero de la serpiente de Airain, etc. Y la plegaria de los masones ingleses, adoptada en una reunión celebrada en 1663, ¿no recuerda de una manera evidente el judaísmo? (5).

“Finalmente la masonería escocesa se servía de la Era judía; por ejemplo, un libro del masón americano Pike (6), escrito en 1881, está fechado en el `anno mundi 5641 ́. Actualmente no se conserva esta cronología sino en los altos grados, mientras que los masones añaden generalmente cuatro mil años en la Era cristiana y no 3760 como los judíos” (7).

El sabio rabino Benamozegh escribe lo que sigue:

“Los que quieran tomarse el trabajo de examinar cuidadosamente las cuestiones de las relaciones entre el judaísmo y la francmasonería filosófica, la teosofía y los misterios en general, perderán un poco de su soberbio desdén por la Cábala. Cesarán de sonreir despectivamente ante la idea de que la teología cabalística puede tener una misión que cumplir en la transformación religiosa del porvenir” (8).

¿Quiénes son los verdaderos dirigentes de la masonería? Este es uno de los misterios de la secta, uno de los secretos más cuidadosamente guardados; pero puede asegurarse que el trabajo masónico en el mundo entero se desarrolla de acuerdo con un mismo y único plan, que sus medios son siempre y en todas partes idénticos, y que los fines perseguidos son constantemente los mismos. Esto nos induce a creer que existe un centro único que dirige todos los movimientos de la secta.

Más adelante abordaremos esta cuestión, pero recordemos que la “Carta de Colonia” fechada el 24 de junio de 1535 hablaba de un director de la masonería: el Gran Maestre Patriarca que aunque conocido por muy pocos hermanos existe en realidad; y Gougenot des Mousseaux indica que “esta selección de la Orden, estos jefes efectivos que muy pocos iniciados conocen, funcionan en la provechosa y secreta dependencia de los cabalistas israelitas”, y que los verdaderos jefes de la masonería son “los amigos, los auxiliares, los vasallos del judío a quien acatan como soberano señor” (9).

De la misma opinión participan Eckert, Drumont, Deschamps, Monseñor Jouin, Lambelin y otros conocedores de las cuestiones masónicas y judías.

Dejemos a un lado las enseñanzas dogmáticas de la masonería y del hebraísmo y examinemos las alianzas entre el judaísmo y la masonería desde el punto de vista meramente práctico y real. Discurriendo con lógica no puede menos que aceptarse la conclusión siguiente formulada por L. de Poncins en “Las fuerzas secretas de la revolución”:

“La universalidad de la Francmasonería, su duración, la invariabilidad de sus fines, que se explican perfectamente si se trata de una creación judía para servir a intereses judíos, serían absolutamente incomprensibles si su origen fuera cristiano. La misma finalidad de la Francmasonería, la destrucción de la civilización cristiana, nos descubre al judío, porque sólo el judío puede resultar beneficiado y únicamente el judío está animado de un odio suficientemente violento contra el Cristianismo, para crear una organización semejante”.

Prosigue Poncins:

“La Francmasonería es una sociedad secreta. Está dirigida por una minoría internacional. Ha jurado un odio implacable al Cristianismo. Estos tres rasgos característicos son precisamente los mismos que definen al judaísmo y constituye la demostración de que los judíos son el elemento director de las logias” (10).

La “Revue Internationale des Sociétés Secretès” informaba en 1926 que: “Ya en 1867 se organiza la “Liga Internacional permanente de la Paz” y su secretario el judío Passy esboza la idea de un tribunal para zanjar sin apelación todos los conflictos entre las naciones” (11).

MAURICE PINAY

[2] Pablo Rosen, Satán y Cía. Buenos Aires, 1947. p. 219.
[3] Adolphe Ricoux, L´existence des loges de femmes (La existencia de logias femeninas).
París: Téqui, 1891. pp. 78-95.
[4] Monseñor León Meurin, S.J. Arzobispo Obispo de Port-Louis, Simbolismo de la
masonería. Madrid: Editorial Nos, 1957. pp. 201-202.
[5] “Revue Internationale des Sociétés Secrètés” (RISS). París, 1913, no. 2, p. 58
[6] Albert Pike, La moral y el dogma en el rito escocés. Anno mundi 5641 (1881).
[7] Maurice Fara, La masonería en descubierto. Buenos Aires: La hoja de roblre, 1960. p. 23.
[8] Rabino Benamozegh, Israel y la humanidad. París, 1914. p. 71.
[9] Gougenot des Mousseaux, Le juif, le judaïsme et la judaïsation des peuples chrétiene (El judío, el judaísmo y la judaización de los pueblos cristianos). París, 1869. pp. 338-339.
[10] León de Poncins, Les forces secrètes de la Revolution (Las fuerzas secretas de la revolución), pp. 139-140 de la edición francesa.
[11] “Revue Internationale des Siciétés Secrètes” (R.I.S.S.), 1926, no. 8, p. 269


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Descarge el libro completo en PDF, Complot Contra la Iglesia, de Maurice Pinay. Seudónimo del Sacerdote Jesuíta mejicano P. Sáenz de Arriaga, que trabajó con el apoyo de otros sacerdotes colaboradores en este libro. Su lectura es imprescindible para comprender la deriva y el por qué del Concilio Vaticano II (1962-1965).

Complot contra la Iglesia, por Maurice Pinay (1962) (PDF) (392 páginas): (enlace de descarga)..

Este artículo también está copiado en uncatolicoperplejo.wordpress.com.

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